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Debemos recurrir a las clases particulares tan pronto como el niño manifieste una dificultad en una materia. Y es que la intervención, cuanto más rápida sea, más eficaz será y mayores garantías ofrecerá. No se puede pretender enderezar el curso escolar en el tercer trimestre. Lo importante en las clases particulares, más que la intensidad, es la regularidad. Es mejor 24 horas de apoyo, 2 horas a la semana en 12 semanas, que 24 horas, 2 horas al día en sólo 2 semanas.
Hemos dicho 24 horas de clases particulares porque es un excelente punto de partida. Aunque cada niño es un mundo y algunos necesitarán algunas más y otros menos. Lo que no es recomendable es tener clases particulares por un tiempo demasiado prolongado, más de 2 años consecutivos, por ejemplo. El refuerzo escolar busca la autonomía del alumno y no la dependencia del niño.

Puede que el niño al principio no esté del todo satisfecho con lo de las clases particulares. Debemos plantearlas como una oportunidad, nunca como una sanción. Generalmente, el alumno que no llega a obtener buenos resultados en una materia, se siente humillado y desvalorizado a los ojos, particularmente, de sus padres. Si no está del todo convencido, no le obligues sin más: déjale cierto tiempo para reflexionar. Su completa implicación en las clases es primordial.
Lo que nos ofrecen las clases particulares es, además de un ascenso de las notas y de la media trimestral (la progresión generalmente alcanza los 2 o 3 puntos. Sólo excepcionalmente llega a los 5 o 6 puntos), una mejor comprensión de sus clases y la obtención de unos métodos prácticos que le permiten resolver los ejercicios con la mayor facilidad posible, y un aumento de la confianza del hijo sobre sus capacidades, una nueva motivación en sus estudios y una liberación de parte del estrés que pesaba sobre sus hombros.
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