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"Ya sea en la escuela, en casa o en el parque, mi hijo muerde, grita, rompe cosas, da golpes, patadas, se pelea a menudo martirizando a los más débiles,..." ¿Estas palabras podrían ser tuyas? Queremos ayudarte. El comportamiento de tu hijo es difícil de controlar. Tan pronto está calmado, como se altera y se enfrenta con hostilidad, a otros niños, a los profesores,... Y el clima familiar se resiente.
Debes saber que tu hijo también sufre, ya que su comportamiento lo hace impopular entre los otros niños. El hecho de castigarlo, sin embargo, no arregla las cosas. Él lo interioriza, pone mala cara, rechaza su agresividad (que a veces incluso se vuelve contra él), hasta que explota de nuevo y de manera más intensa. Lo que realmente necesita es vuestra ayuda.
¿Por qué tu hijo es tan agresivo? ¿De dónde sale esta agresividad? ¿Es el signo precursor de una confusión o de una enfermedad? Ante estas dudas, no dudes en consultar a especialistas en la materia para entre todos tratar el problema y encontrar soluciones.
Lo primero que deberéis encontrar es la causa eventual y\o las razones de esta hostilidad. La agresividad está, habitualmente, ligada a una frustración. El niño convierte al "otro" en responsable de su propia frustración y de ahí sus reacciones agresivas. Así, por ejemplo, si los padres viven dificultades en el seno de la pareja, el niño las siente y puede mostrarse violento. La llegada de un pequeño hermano puede ser algo muy angustioso para el niño. Con su agresividad, procura simplemente defender su territorio.
Hacia los 8 años de edad, el amor y la agresividad están entremezclados. El niño no percibe las consecuencias de sus actos. Todavía no integra el sufrimiento y el dolor que sus propios actos provocan en los otros. Poco a poco irá asimilando la noción de culpabilidad. Sin castigar necesariamente al niño, debes imponerle límites y explicarle las dolorosas consecuencias de sus actos. Reconoce su cólera y sus miedos, pero sé firmes con los límites que no debe sobrepasar.
Intégralo también en una conducta de reparación "simbólica". El niño, poco a poco, aprenderá lo que es aceptable y lo que no lo es. También puedes incitarle a practicar un deporte o una actividad que le ayudará a canalizar su agresividad.
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